Cuando entras a ver Señora Einstein, crees que vas a asistir a una clase de historia. Una científica brillante, un marido famoso, un siglo injusto. Piensas que eso ya no pasa. Pero a mitad de la obra algo se, te mueve mueve. Porque lo que está contando no es solo la vida de Mileva Marić, primera esposa de Albert Einstein. Está contando algo que muchas personas reconocen. Esa sensación de haber aportado mucho y haber recibido poco. De haber sido quien sostiene sin que nadie lo vea. De tener claro quién eres, pero vivir como si fueras otra persona. Y entonces el teatro deja de ser historia. Se convierte en consulta. El dolor que no tiene nombre es el más difícil de curar En psicología hay un principio básico: lo que no se puede nombrar no se puede sanar. Si una persona llega a consulta y dice "tengo unos pagos de deudas que no soy capaz de afrontar", sabemos qué hacer. Si llega y dice "no sé qué me pasa, pero llevo meses sin ganas de nada", el trabajo es primero encon...
El mejor asesoramiento para el día a día