Nessun Dorma, una pieza de la ópera Turandot, de Puccini, es mucho más que una aria. Es un viaje psicológico intensísimo. Comienza explicando la ansiedad inicial que acompaña al protagonista, a Calaf. Son casi tres minutos de tensión, cada vez mayor, hasta el clímax del "¡Vincerò!". Es la lucha humana por la libertad y la trascendencia. Es un grito también de esperanza. Es... una genialidad. Su poder no se limita a la ópera, el cine la ha convertido en un símbolo narrativo. En Mar adentro (Amenábar, 2004), la pieza acompaña la fantasía de vuelo de Ramón Sampedro (Javier Bardem). Él yace inmóvil, pero la música evoca su anhelo de liberación física y moral. El "¡Vincerò!" es un grito, silencioso, por la dignidad ante la muerte, por su elección de la eutanasia como un triunfo espiritual sobre la opresión. Hay decenas de películas en la que aparece. Una debilidad mía es la serie Misión Imposible. En Nación Secreta el director Christopher McQuarrie decide usarla en una ...
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