Buscar trabajo es un trabajo (I)

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Hoy hablaremos de como buscar trabajo. Muchas empresas estan buscando trabajadores. Pero vamos con las cifras. Lo primero siempre las cifras. ¿Cómo está el paro en España? Hace cuatro años el paro en España estaba en el 13%, había bajado del 16,3% del año anterior. En Galicia estábamos un poco mejor, en el 11%. Y el paro de los menores de 25 años había bajado del 41% al 30,6%. Cuatro años después la mejora sigue. El último dato de la Encuesta de Población Activa sitúa el paro en España en el 10,8%, en Galicia en el 9% —seguimos por debajo de la media estatal, como casi siempre—, y el paro juvenil en el 24,5% en España y el 24,3% en Galicia. El fondo del cuadro sigue siendo de mejora sostenida. Ahora bien. Que las cifras generales mejoren no significa que buscar trabajo se haya vuelto más fácil. Se ha vuelto distinto. Y de eso queremos hablar hoy: de lo que sigue funcionando igual que siempre, y de lo que ha cambiado en estos últimos años.

Lo primero: aunque estemos en el paro, no estamos parados. Esto no ha cambiado ni va a cambiar. Es muy difícil que el trabajo nos venga a buscar a casa sin hacer nada. Debemos estar activos, en todos los sentidos, físicamente también. Y debemos hablar de ello: comentarlo con amigos, conocidos, antiguos jefes o compañeros. Cuanta más gente sepa que buscamos trabajo, más posibilidades hay de que aparezca algo por medio de alguien.

¿Qué tocaría después? Hacer un buen análisis de lo que somos, de lo que sabemos hacer, y de las empresas o sectores donde nos gustaría trabajar. Se encuentra mejor trabajo si uno puede elegir. En este análisis conviene detectar también qué nos falta —somos cocineros pero no sabemos de repostería, tenemos experiencia en compras pero no sabemos idiomas— para corregir fallos en el CV. Y también tener respuesta preparada ante las lagunas temporales del currículum, que sigue siendo una de las preguntas más incómodas de cualquier entrevista.

¿Dónde podemos buscar trabajo? Hay muchos buscadores de internet, y no solo los más conocidos. Conviene tener el CV en todos, y visitarlos con frecuencia, sobre todo los específicos de nuestra profesión. Si tenemos colegio profesional, debemos estar ahí. En las cámaras de comercio de nuestra zona, en las asociaciones de empresarios... Y, por supuesto, hacer candidaturas espontáneas, sobre todo en las empresas que más encajen con nuestro perfil.

¿Funcionan las candidaturas espontáneas? Sí, y hoy funcionan más que nunca, por dos razones. La primera es la de siempre: la mayoría de las vacantes no se anuncian nunca. Se suele citar la cifra del 80%, aunque —siendo rigurosos— esa cifra lleva años reciclándose de informe en informe sin una fuente muy clara. Lo que sí tenemos es un dato más sólido: comparando las vacantes que las empresas reconocen ante la administración con las contrataciones reales que se producen en España, se ha calculado que hasta nueve de cada diez empleos se cubren sin pasar nunca por un anuncio público. Muchas empresas se nutren solo de candidaturas espontáneas: El Corte Inglés, por ejemplo, apenas publica ofertas fuera de su departamento de seguros o su agencia de viajes, y contrata a través de su departamento de recursos humanos. Con los negocios pequeños es todavía más claro: si el propietario tiene guardada una candidatura espontánea que le causó buena impresión, esa será de las primeras llamadas que haga cuando necesite cubrir un puesto.

Hablabas de dos razones por las que funcionan las candidaturas espontáneas... Sí, la segunda razón es nueva de estos últimos años: las llamadas "ofertas fantasma". Son anuncios de empleo —en portales, en LinkedIn— que no corresponden a ninguna vacante real: la empresa ya la cubrió y no retiró el anuncio, o nunca tuvo intención real de contratar y solo quería tener candidatos en su base de datos, o dar sensación de actividad. Algunos estudios calculan que puede rondar una de cada cinco ofertas en algunos portales. No hay forma infalible de detectarlas, pero desconfiemos de anuncios que llevan meses publicados, de descripciones muy genéricas sin funciones ni horario claro, o de la misma empresa repitiendo la misma oferta una y otra vez. La conclusión es que no podemos depender solo de los anuncios. La candidatura espontánea y el contacto directo pesan más que nunca.

¿Cómo debemos hacer esa candidatura espontánea? Haciendo una lista de empresas donde queremos trabajar, investigando cada una —datos, sector, y sobre todo quién lleva el departamento de recursos humanos, algo que hoy es más fácil de averiguar gracias a LinkedIn— para llamar y concertar una cita en la que presentar nuestra candidatura.

¿Cómo hay que ir a la entrevista? Tanto a la espontánea como a la de un anuncio, tenemos que llegar habiendo estudiado la empresa, su estructura, las últimas noticias en prensa, y si es posible conociendo a quien nos va a entrevistar. Contactar con trabajadores de esa empresa —las redes sociales siguen siendo muy útiles para esto— y llevar un CV y una carta pensados para esa empresa concreta. Una novedad de estos años: es cada vez más habitual que la primera entrevista sea por videollamada, y a veces incluso una prueba grabada donde respondemos a preguntas frente a una cámara sin nadie al otro lado en ese momento. Vale la pena probar la tecnología antes, cuidar el encuadre y la luz, y tratarlo con la misma seriedad que una entrevista presencial.