Buscar trabajo es un trabajo (y II)
La semana pasada empezamos a explicar como buscar trabajo y llegar mejor a las empresas. Hoy seguimos. ¿Cómo tiene que ser el CV? Aquí sí que ha cambiado la película en estos cuatro años. Antes, el primer filtro de nuestro CV era una persona de recursos humanos. Hoy, en la mayoría de las empresas medianas y grandes, el primer filtro es un programa. Se llaman ATS, sistemas de seguimiento de candidatos, y alrededor de tres de cada cuatro empresas ya los usan: leen el CV antes que nadie, buscan si contiene las palabras clave de la oferta, y descartan a quien no las tiene, aunque tenga la experiencia real. ¿Qué implica esto para nosotros? Que un CV en imagen o en PDF con el texto no seleccionable es un suicidio, porque el programa no puede leerlo. Que conviene usar en el CV las mismas palabras que usa la oferta —si piden "atención al cliente", no pongamos "trato con clientela"; el programa puede no relacionarlo—. Y que el formato tiene que ser limpio: sin columnas, sin tablas, sin elementos decorativos que el sistema no sepa interpretar.
Hay una tentación nueva que conviene manejar con cuidado: pegar la oferta de empleo en un chat de inteligencia artificial y dejar que nos escriba el CV entero... Exacto. El problema es que ahora lo hace mucha gente, y a quienes seleccionan personal les están llegando currículums clónicos: misma estructura, mismo vocabulario, la misma ausencia de voz propia. La inteligencia artificial puede ayudarnos a encontrar las palabras clave de la oferta y a pulir la redacción, pero el contenido —los logros, la experiencia, lo que de verdad sabemos hacer— tiene que seguir siendo nuestro. Aparte de esto, lo que decíamos hace cuatro años sigue siendo válido: CV adaptado a la empresa, claro, sin lo que no suma, no muy extenso —dos hojas está bien—, empezando por lo que más nos destaque, con logros y datos que diferencien nuestra carrera: una buena media en el expediente, un voluntariado, una publicación, pertenecer a alguna asociación.
¿Y la carta de presentación? ¿Es necesaria? Sí, y hoy tiene todavía más valor que antes, precisamente porque escasea lo genuino. Si el CV puede acabar pareciendo clónico, la carta —bien escrita, pensada de verdad para esa empresa concreta, contando quiénes somos y por qué encajamos— es la oportunidad de sonar a persona y no a plantilla.
Antes mencionábamos internet. ¿Podemos aprovecharlo más? Aquí ha habido una transformación de fondo. LinkedIn sigue siendo la herramienta principal, pero ya no basta con tener un perfil aparcado con la foto y el puesto actual. El buscador de LinkedIn funciona hoy con inteligencia artificial y da prioridad a los perfiles activos: gente que publica, que comenta, que interactúa con su sector, no solo gente con el CV colgado. Activar la opción "Open to Work" —que se puede poner en modo privado, visible solo para quienes seleccionan personal, si no queremos que se entere nuestra empresa actual— es casi obligatorio hoy. Y conviene recordar un dato: en LinkedIn, seis de cada diez profesionales que encuentran trabajo lo consiguen a través de una recomendación de un contacto. La red sigue siendo, con diferencia, el camino más corto. En algunos sectores, sobre todo entre los más jóvenes, también se busca y se muestra trabajo en Instagram o en TikTok, aunque para la mayoría de nosotros LinkedIn sigue siendo el terreno de juego principal. Y junto a esto, todos los portales de empleo que ya conocemos.
¿Qué más podemos hacer para buscar trabajo? Hacer una lista de todas las entidades que ofrecen servicios de búsqueda de empleo, públicas y privadas, y visitarlas. Puede haber mucha diferencia entre unas y otras, y conviene que nuestro CV se mueva por todas. Con cuanta más gente hablemos, mejor: de todas podemos aprender algo, y en cada entidad puede haber una oportunidad distinta o un curso interesante.
La formación también es importante. Debemos analizarnos como si fuéramos la empresa que nos va a contratar, y preguntarnos qué le falta a nuestro CV. Algún carné, un idioma, un curso... si detectamos una carencia, conviene completarla. Y una novedad de estos años: cada vez se valora más tener soltura básica con herramientas digitales y de inteligencia artificial, aunque no sea el centro de nuestro trabajo. No hace falta ser expertos; sí conviene no llegar a la entrevista sin haberlas tocado nunca.
¿Cómo sabemos si un curso es bueno? Mejor si tiene compromiso de contratación o bolsa de trabajo. Mejor si quien enseña tiene experiencia real en lo que enseña. Importa el prestigio de quien lo imparte, aunque a veces se confunde prestigio con ser simplemente conocido. Y conviene hablar con antiguos alumnos.
¿Qué más podemos hacer? Hablar. Comentar con amigos y conocidos que estamos buscando trabajo. No es ninguna vergüenza estar en el paro. Muchos puestos se cubren con referencias personales, y una persona amiga puede dar nuestra referencia a quien ofrece un puesto. No nos olvidemos de antiguos jefes o compañeros: si en su momento quedamos bien en esa empresa, es otra puerta abierta. Y mucho ánimo. Buscar trabajo es en sí mismo un trabajo. No podemos esperar a que nos entre por la puerta — y hoy, con un programa informático sentado entre nosotros y quien contrata, todavía menos.